¿Djokovic, a dónde se te fue la magia?

Hacerse de un nombre en la elite del tenis no es cosa fácil y mantenerse ahí por más de diez años suena casi imposible, aun así Novak Djokovic lo logró como pocos pero parece que el cansancio le cobra factura.

Montecarlo nos sirvió de ejemplo para ver al serbio luchar contra los pronósticos pero sin lograr el cometido. Montecarlo nos enseñó a Djokovic perder una ventaja de 2-4 en el set decisivo. Montecarlo nos recordó que la magia del tenista no ha estado anuente a explotar.

Pero también estuvo el abierto de Australia, donde no pudo defender el título y miles de bocas abiertas vieron al número dos del mundo perder ante el 117.  El serbio cedió su primer puesto del ranking ATP a finales de 2016 al británico Andy Murray, tras un bajón en la segunda mitad de la temporada, debido en parte a una falta de motivación.

Acapulco no cambió el panorama para Djokovic y puso sobre la mesa las declaraciones donde afirmó que el tenis ya no era su prioridad y que su familia estaba primero. Y también se dio la ruptura con su coach, quien no se pudo ir sin decir que Novak no entrenaba igual.

¿Será que los asuntos personales pesan más que los grand slam, pesan más que la euforia al romper una raqueta en la cancha al saberse campeón y están por encima de cualquier ranking de la ATP?

La prensa lo ha llamado león sin dientes, ave sin alas y tenista sin alma pero también se han referido a él como el mejor del mundo, el maestro serbio, excepcional y descomunal.

Efectivamente se nota en él una falta de intensidad física y de pasión en la cancha pero es algo por lo que la mayoría de deportistas pasan, aunque no todos se levantan, pero Djokovic, él es diferente, él nos produce esa sensación de que el grande del tenis volverá pronto, su historia nos hace anhelar verlo coronarse en recintos que se vuelcan en aplausos ante su grandeza.

Y es que su historia hacia la cumbre no fue fácil, luchó contra su majestad Roger Federer y Rafa Nadal, no solo dueños de un gran tenis sino apoderados del público y salió siendo el número uno con seguidores atónitos en el bolsillo.

Él es un campeón que no nació siéndolo, se hizo a base de perseverancia, disciplina y pasión, abatiendo obstáculos. Tiene que esforzarse el doble que cualquier otro que nace con ese don del tenis, estricto con su dieta y sus entrenamientos.

Pero en la cancha es otro, en la cancha se le ve disfrutar esos encuentros de más de dos horas, bromea con el público, bromea con sus adversarios, derrocha humildad. Medita para visualizar sus problemas y soluciones.

Ahora nos tiene a los amantes del tenis esperándolo, con las ansias puestas en cada torneo en el que va a participar, con ganas de ver las canchas llenas de su pasión, deseando que haya encontrado su magia y la traiga consigo en cada saque…volvé Djokovic, volvé

 

 

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